lunes, 31 de marzo de 2014

Ése no era yo.

Me detuve en una esquina y ya no quise mirar hacia atrás. En la vera del camino quedaban las ilusiones, los recuerdos, las mil risas y las formas inequívocas de  un momento de euforia que confundí, tristemente, con amor. Vano fue pensarlo, necio creerlo. Parecía como algo adictivo, cegado por una mirada inquietante me transporte al limbo de los locos. En esa inmensa lejanía donde se piensa que no hay más, mire quise más y descubrí que, incluso, esa linea pensada y etérea tenía fin. Ya no estabas ¿dónde te fuiste con mi sueño y qué hiciste con mi dolor? Todo lo sentí, todo lo pensé, auguré lo mejor y le dije a a mis sentimientos que esta desdicha que cargaba a cuestas no me acompañaría desde ahora. 

No quiero este momento, me niego a creer que está pasando. No hallo la respuesta y busco infructuosamente la salida a este laberinto en donde tus palabras me perdieron. Construiste con tus encantos una telaraña en la que atrapado no deseaba salir. Pleno de dicha y con sólo saber efímeramente de ti, mi alborozo era tal que mis ojos se llenaban con la sola idea de verte y poder al menos rozar tus labios carmesí. Vivía en pos de lograr una sonrisa tuya; mi momento era mejor si sabía de ti, empero mi tristeza iniciaba cuando no sentía tus palabras o cuando éstas no me decían algo dulce... Se fue como un voraz incendio apagando una luz que pensé se había encendido. No había sentimiento, quizás algo de ternura en alguna de tus escasas respuestas y hoy abocado a mi amargura bajo la mirada y me declaro perdedor. 

Gracias, te habías convertido en mi mejor excusa para salir de mi letargo en las mañanas y conciliar lo que antes era un esquivo sueño. Cada cual necesita un motivo y el mío eras tú. Ahora estás, pero no me miras; oyes mi voz, pero no mis palabras, te ríes pero no soy tu encanto. Caminaras, pero no querrás que siga tus pasos. Volverás, pero no por mi. Limitándome a mi suerte y con la fe de poder olvidarte, quisiera invadir tus sueños y convertido en una quimera, desearía decirte cuán grande es mi desdicha por no haber podido acaparar tu alma, por no haberme podido ver de cerca en esos tus negros ojos, haber sido sólo mi idea la de besarte, la de tenerte cerca, la de tomar tus delgadas manos, caminar muy suave y muy juntos por una estrecha calle donde sólo estaríamos los tres: tú, mi sentimiento y yo. 

Estoy aquí, quieto. No han venido conmigo mi alma, que destrozada y en su morada llora de dolor. Se quedó también mi alegría, me dijo que no saldría más; me insinúo que la abandonará, su desilusión fue mayor que el tiempo que duró viva. Agoniza. Su risa hoy es sólo una vago recuerdo...¿qué camino tomó? por dónde deambular sin ningún rescoldo de energía y esperanza. 

Más que una ilusión perdí la extraña sensación de adorar a alguien, que sin habérmelo propuesto, me extasiaba con sólo dos o tres gestos. Te digo adiós y acaso porque te quiero y todavía me durará este caro sentimiento. No sé si he de olvidarte, pero te digo adiós. Adiós a este cariño loco que me lo sembré en el alma y que en mis ojos se quedó porque ya no te veré más. Te olvidaste. Ése amor que siempre dices que no existe y que creí podía despertarlo en ti, fue una visión y mi corazón  creyó...pero él que te obnubila los ojos, no soy yo..ése no era yo. 

lunes, 1 de febrero de 2010

La sociedad del conocimiento.

Quizás una de las aventuras más fascinantes del ser humano es descubrir. El mundo no es que esté lleno de secretos sino de sujetos que aún no descubren el mundo o los seres que lo rodean. O sea cada ser sabe algo. La manera cómo llegó a ese saber es la clave que otros quieren descubrir.




Ese mundo por aprehender es lo que dinamiza a los interesados en ser más competitivos. Igual que en los campos del trabajo esos bagages culturales o intelectuales posibilitan un aislamiento entre los conocedoresy los ignorantes repecto de algún secreto. Esa asincronía entre qué saber y qué es útil es la gran ganancia diaria que beneficia a unos y hace dependientes a los demás. Es un constante despotismo ilustrado que aumenta entre tanto un conocimiento se haya jerarquizado como relevante y se desprecien algunos inocuos.




La sociedad del conocimiento inventa a diario y subordina sobre lo qué se debe saber y lo que pasa a ser obsoleto. Es un mundo cruel sin posbilidad de retorno y retoma por lo que alguna vez se creyó útil y los que es representativo y tiene valor para todos. ¿quién decide?